domingo, 1 de agosto de 2010

Debo dejar de estudiar

Según el dogma central de la biología moderna planteado en los inicios de la extensión de la biología molecular, y dándole luz primera a ésta rama de la ciencia, se define el fluir de la información genética y determinante -en parte, sería pecar en reduccionismos- como,
ADN --> ARN --> Proteína
Esto no es cierto. Las interacciones dinámicas entre factores y productos se vuelven inabarcables para nuestra pedagogía de casilleros, se establece la necesidad de pensar en sistemas (esta necesidad de modificar el paradigma vigente se vislumbró en todas las disciplinas en las que la humanidad curioseó, la modernidad había establecido una estructura de pensamiento que imposibilitaba el entendimiento de la naturaleza y/o campos de estudio derivados afines). Lo correcto es pensar en complejos sistemas de retroalimentación, proteínas actuando como reguladores de la expresión génica, y así, acoplándose al ADN para traducir cierta información que en tiempo y espacio son válidas para ese contexto químico pero no para otro. Llevando la concepción al extremo: claramente no se expresa la misma información génica en un neonato que en una señora menopáusica (o en una señora que riega Potus, ¿por qué no?).
Esto nos permite pensar en una arriesgada noción ya resuelta por la biología molecular y celular, huevo amniota o gallina que cacarea, ¿quién gatilla el desarrollo embriológico donde no hay más que una célula madre (cigoto) con toda la información genética contenida?
De esta suerte, dibujemos una transecta genealógica que atraviese todos nuestros orígenes durante los miles de millones de años de evolución de la vida en el planeta, una transecta de activación de la expresión génica. Una suerte de aliento de vida que fluye y pone de manifiesto la maquinaria. Energía vital aristotélica.
Proteínas ancestrales que fueron conservadas evolutivamente para que, con sólo micras de tamaño, se desaten inconcebibles cascadas de sucesivas lecturas diferenciales del material hereditario. Proteínas que, en  sí mismas, también son producto de los sistemas de transcripción y posterior traducción, y yacen en el óvulo femenino, latentes, sin función, para luego integrarse, en la fecundación, a la información génica masculina y así, generar el milagro. Todo tiene una fuente última.
Magia, la vida es magia y nuestra existencia es una gran casualidad.
Esta es la gran herida de la Ciencia al ego de la Humanidad.

5 comentarios:

Luz dijo...

porrrrrrrrrr qué tu plantilla te permite tener márgenes más chicos en los costados.

porrrrrrrrr qué???


qué injusta es la blogosfera....

!

¬¬

Rodia dijo...

ser prima congénita tiene sus beneficios extra muajaja

Anónimo dijo...

genial! nada más. saludos. alfonso-

deriva gris dijo...

Wow.. bravo!! impecable. Serías un orgullo para mis mentores el solo hecho de leerte. Un resumen general de los puntos más notables en genética. Asombrada

Rodia dijo...

gracias, muchacha :) núcleos a la deriva está muy lindo también.